Hace ya algunos años que la escalada ha ido ganando popularidad gracias a la cantidad de nuevos integrantes en esta disciplina y a los rocódromos instalados en pleno aire libre por toda la ciudad. Esto se ha convertido en un gran avance, puesto que antes quien quisiera practicar este deporte tenía que necesariamente ir a un espacio montañoso, con un complejo y caro equipo por lo que en cierta manera, ha democratizado la escalada. Pero la realidad de este deporte es que por mucho que se añadan colchonetas o soportes blandos, estamos hablando de un deporte de agarre con una fuerte exigencia física por lo que inevitablemente, las caídas son muy comunes y estas dan lugar a ciertas lesiones que se repiten entre los escaladores. 

 

La mayor parte de las lesiones suceden en extremidades superiores

Debemos tener en cuenta que la escalada consiste en subir con nuestros movimientos, paredes de roca u otros relieves verticales. Y es que aunque en este deporte s exponen muchas partes del cuerpo, son las extremidades superiores como los brazos o las manos las que se encuentran en mayor riego de fractura, lesión o inflamación. 

  • Lesiones de muñeca: Una de las más comunes debido a la fibra del cartílago que se separa del radio y cúbito del resto de huesos carpianos.
  • Rotura del tendón flexor de la mano: Estos tendones son los responsables de que podamos flexionar los dedos hacia la palma. Durante la actividad, los flexores sujetan el peso del cuerpo y es una sobrecarga muy fuerte que puede generar inflamación, deslizamientos o rotura. 
  • Lesión de polea: Utilizar sistemáticamente diferentes tipos de agarre puede suponer una superación de cargas sinoviales. Normalmente, esto se produce con la polea A2 que se localiza próxima al dedo.
  • Lesión de hombro: Lo más probable es que si practicas escalada, tu hombro haya podido experimentar alguna contractura o tendinopatía. Hay que tener especial cuidado con el desgarro de manguito de los rotadores.
  • Lesiones de codo: Esta lesión es la más progresiva, ya que se produce por la larga duración de procesos que progresivamente desgastan el tendón.

 

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